sábado, 19 de noviembre de 2016

Textos





La vida, como el arte, se reinventan a sí mismos cada día. El mundo de la creatividad se convierte en un factor sorpresa muy grato, que en medio de tiempos difíciles, también para el arte, nos confirma que el mundo está vivo, la vida sigue y cada día alguien se atreve a presentarnos algo con lo que sueña, llevando sus sueños a la práctica, a la creación en un difícil esfuerzo. Belén Miguel se asoma tímidamente, pero con fuerza al complejo mundo de la escultura; ¿pero es escultura su obra? ¿Son sus mujeres blancas entre asombradas y erguidas esculturas? ¿O son parte de una instalación?
Belén me ha contado que parte de viejos maniquís del mundo del escaparate y de la moda, maniquís que han quedado obsoletos y que, mediante un largo proceso, los va cubriendo de telas rizadas de cuerdas, de elementos textiles, que dan corporeidad y misterio a sus obras. Viéndolas, todos los siglos del arte están presentes, Grecia, Roma, la Italia renacentista de las brujas y saltimbanquis, con sombreros de cuernos, y también el oscuro medievo, con sus tocados largos, donde la mujer más que embellecerse se escondía. Un poeta atrevido ha escrito sobre tus musas diciendo que bailan "sonidos de danza alegre", yo sin embargo las veo figuras quietas, hieráticas, detenidas en el tiempo como si las hubiera sorprendido un flash atemporal, que terminará por detenerse en Grecia. Con sus korés arcaicas cubiertas de largos peplos y rizadas trenzas. Hay en algunas esculturas de Belén algo que regresa de la vieja Hélade clásica o de la Roma Imperial también.

"Caminante, no hay caminos", la artista experimenta con el suyo que creo que ha sabido encontrar, pero como comienza su singladura dificultosa, le digo en un tono bajo que "se hace camino al andar". Es decir, hay que preservar en este hermoso juego creador que ha inventado, matizar, corregir texturas, tonos, intenciones. La inquietud y la sorpresa que crean sus obras ya lo han conseguido y pienso que sus blancos sueños pueden llegar muy lejos.

Firmado: Eduardo J. Bru Celma
Crítico de Arte

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